http://www.infobae.com/2013/10/11/1515354-francisco-pide-tomar-serio-la-lucha-contra-el-demonio
Como siempre, Francisco da letra...
El dice que el demonio existe. Dice que no se puede relativizar la idea del demonio confundiéndola con enfermedades mentales, dice que Jesús lucho contra el demonio y lo venció, y que de ese modo Dios venció al demonio desde el principio de la Biblia hasta el fin.
Dice: "No confundir la verdad. Jesús lucha contra el diablo: primer criterio. Segundo criterio: quien no está con Jesús, está contra Jesús. No hay enseñanzas a medias. Tercer criterio: la vigilancia de nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Nunca se le expulsa para siempre! Sólo lo será el último día". etc.
(Pero mejor lean el articulo).
¿Existe el demonio? La consideración concluye que en tanto se lo nombre tiene una existencia en el mundo de los entes y que en tanto tal, interactúa con otros entes a los que está vinculado de manera asociativa, como por ejemplo la idea de Dios, el bien, el mal, y el sin fin de significaciones que de ellas se desprenden. Por lo que su existencia ( al menos en este grado) es innegable.
Sin embargo, no me parece que dudar de su existencia o creer en ella sea el problema de fondo. La cuestión a mi entender radica en comprender y descubrir cuál es la relación que cada uno de nosotros establece con dicha entidad en lo más profundo de su psique, es decir sus emociones, sentimientos y mundos imaginarios en los que se proyectan temores, defectos, debilidades y aversiones que residen en la" matrix" de base incosciente.
Tomemos como caso una "matrix" cuya sensación de temor más intenso es el miedo a que le falte el sustento, dicha emoción proyectará un deseo correspondiente de asegurar de cualquier modo lo que entiende por sustento haciendo en ello un eje de sentido y un comportamiento que podría abarcar desde; el simple ahorro a la acumulación avara, Y/O la codicia que impulsa la epidemia social de la corrupción, (hago una pequeña digresión)- codicia que ha crecido en la conciencia pública como un modelo "para ético" del doble discurso; moral pública y pecados privados.
Sigamos con el caso: Dicho temor puede tomar estrategias múltiples de resguardo y en esa diversidad coexiste el mundo de la elección ( libre albedrío) cuyo triunfo es la aserción que mejor represente la intención de bien; por ejemplo, contraponer la emoción primaria de reaseguro a la generosidad que conlleva una emoción básica de confianza en el devenir.
Estamos en la dimensión dual y elemental de la mente en que bien y mal se comportan como entificaciones singulares, y la decisión aparece cosificada tal como lo expresa Francisco cuando dice: "Quién no está con Jesús está contra Jesús". En esta dimensión dual tanto Jesús como el demonio son exteriorizaciones de la mente influyendo sobre un sujeto (persona) la cual tiene que ejercer su capacidad de discriminación y decisión respecto de las opciones que ambas entidades ofrecen: La opción Jesús, la opción demonio, la opción buda u hombre corriente.
En el mundo de los arquetipos tales batallas se libran incesantemente mediante símbolos y relatos míticos de distintas culturas. El demonio de Zaratustra, las tentaciones de Jesús, y la afrente de Mara al Buda histórico, entre otros ejemplos. Todos aquellos relatos hablan de lo mismo. El triunfo del bien sobre el mal. ¿Pero que es dicho bien sino la verdad que finalmente los libera?. La verdad de que tales elecciones maniqueas son fantasmas que surgen de los temores de la "matriz". Un mundo virtual figurado por la representación de múltiples entidades trans- personales que pueblan "las mentes" que luego apropiamos como "mi mente".
La verdad de que tales figuraciones, a la vez que existen de manera virtual, nos constituyen en la base de nuestra corporalidad. Y no obstante, que al cambiar el enfoque y el vínculo con tales mentes surge en ello una libertad que no requiere de opciones de dualidad condicionada, entre esto o aquello.
Surge la verdadera libertad que emana de la sabiduría. De que todo es bueno y útil para la conciencia estabilizada en el bien del bien, en que hasta el demonio puede ser un gran aliado. //
viernes, 11 de octubre de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
La tierra como testigo: Bhumisparsha
...Cuentan que en el
momento de la iluminación el Buda Shakyamuni (en su profunda meditación)
fue atormentado por el demonio Mara, que intentaría distraerlo con las
tormentas de deseo y dudas provocadas por las hijas de Mara. Luego de
vencerlas, Shakyamuni es burlado por Mara quien le dice que; si es verdad que está
iluminado, de todos modos no
tiene testigos ni nadie que confirme lo que él cree. Es entonces cuando el
victorioso hace un gesto con la mano derecha, un mudra considerado el gesto
principal del Buda shakyamuni; la mano derecha indica hacia la tierra mientras su izquierda descansa en el
regazo.
La mano que señala hacia abajo es el
llamado del “Despierto” a la diosa
de la tierra quien responde: Soy testigo. Surge en ese
momento un estruendo pavoroso, y una gran inundación arrastro de la tierra a
Mara y su ejército de demonios. Este mudra se asocia comúnmente con Buda Azul conocido como
Akshobya, símbolo de la iluminación y la victoria que acaba con las sombras de
Mara.
Es mi intención en
estas líneas dejarme llevar por la intuición, y comprender el significado actualizado de dicho gesto, el mudra
Bhumisparsha.
Mara y sus demonios
representan la lucha cotidiana del hombre con sus pasiones, miedos, apegos y
confusiones, propias del mundo de Samsara regido por el conflicto y la dualidad
constantes. La mente de mono, que salta de un lado para otro presa de la apariencia y la emoción. Esa
mente, la mente de Mara es la que el Buda ha vencido tras despertar a la
ilusión de creer que las cosas son en sí mismas, y apegarse a tal convicción.
Con la mano izquierda sobre el regazo Buda abre
su corazón a la sabiduría de la realidad última, (si es que puede hablarse de
realidad), en que lo manifestado y lo no manifestado son vacuos por naturaleza,
(si es que puede hablarse de naturaleza), o cosa, o cualquier entidad
denominable. Y puesto que, la realidad de todos los fenómenos es vacua ¿Qué
efecto o influencia podrían tener Mara y sus demonios para perturbar la Mente
del Buda?; no ya del Buda Shakyamuni, el Buda histórico, sino la Mente de BUDA
en su talidad inconmensurable.
Sin
embargo Mara no abandona su misión y a toda costa quiere
distraerlo, confundirlo y desalentarlo. Y capta en Sakyamuni el último trozo de
apego que le queda, el yo que se pregunta: ¿Será cierto? ¿Quién atestiguará que
lo que aquí fue comprendido es la “realidad última” y no otro engaño más… Mara
expresa esa duda y le inquiere: si es verdad que estás iluminado, de todos
modos no tienes testigos ni nadie que lo confirme. Sin duda, se trata de la peor prueba de Mara, el más agudo de los desafíos, y el más engañoso. Seguramente
hubo una pausa, una tremenda pausa capaz de alertar a los seres de las diez
dimensiones. ¿Qué haría Buda? Buda permaneció en silencio y extendió su mano
derecha hacia la tierra, y la tierra trono. Las aguas se llevaron a Mara y sus
demonios hacia los confines de la budeidad, la talidad inconmensurable.
Pero ¿Qué significa
dicho gesto? Cómo lo vence?. A mi entender “la tierra como testigo” es el gesto
elocuente de la comprensión Budica en su nivel más alto, y la concreción misma
de dicha budidad, que en su condición de talidad orienta la voluntad (el gesto
de indicar) hacia el núcleo de la comprensión; la no causalidad de los
fenómenos, y la realización de dicha budeidad en la
multiplicidad de lo que acontece… O, quizá, para decirlo de otro modo: Cuando Buda
asume la naturaleza última, aquello que es “indicado” por el gesto de la
realidad en todos los sentidos, es
cuando dicha realidad se convierte en testigo. ¿Testigo de qué? De la mente
iluminada, que a su vez es No mente,
porque si fuera la mente de “algo” no podría ser la realidad total, sino una
parte de ella; una versión, una interpretación, la mente como objeto. Por eso
la pregunta de Mara es una pregunta perspicaz ¿Dónde está el otro que
certificará tu iluminación? Y Buda, prevenido de la palabra, responde con la
arbitrariedad de un gesto, No hay dos, y hay todos…La mente dual desaparece, y
con ello la multiplicidad es también la realidad última, el Dharma.
También
ahora, en este instante Mara nos acucia con la misma
pregunta: Si vas a negar sistemáticamente
la validez de cualquier afirmación por considerarla parcial, tu propia negación fagocitará la
comprensión a la que llegaste, hasta dejarla inválida e inservible. (P A U S A)
domingo, 28 de julio de 2013
Lo siento, no puedo amar la pobreza
Los obispos deben ser hombres que amen la pobreza. -Dijo el Papa en su visita a Brasil-. ¿Pero qué significa pobreza? ¿Qué es lo que debo amar?
…Y no cesan en mí las preguntas ni la decena de rostros que visito cada día. ¿Qué los hace pobres?; ¿Qué vivan en una villa, en un hotel, en un asentamiento, que tengan planes sociales, que no tengan trabajo, que hagan “changas” en trabajos que otros no querrían hacer, que tengan poca instrucción, O ciertos gustos, O cierta manera de vestirse, cierta manera de hablar?
...Creo que no alcanza la sociología entera para definir qué es un pobre, y mucho menos para caracterizar la pobreza en su verdadera dimensión; Y no puedo dejar de preguntarme a que se refiere Francisco cuando habla de amar la pobreza.
¿Habla de condiciones sociales O habla del espíritu? ¿Habla del cuerpo y sus necesidades insatisfechas O habla del sufrimiento, como aquella predisposición humana que nos condena a la infelicidad y a la desdicha? Porque cualquiera sea su definición de pobreza no es algo deseable para nadie, o al menos para mí no lo es. No sería honesta con la palabra si no tratara de interpretar lo que dice, y desde dónde lo dice, Pero aún así, comprendiendo que intenta señalar con su gesto la atención del espíritu hacia los más vulnerables, disiento en lo más profundo de su mensaje: el amor a la pobreza.
Pablo de tarso hablaba del llamado de Dios a los pobres, diciendo; “Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados; No hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios, lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención a fin de que, como está escrito: el que se gloria que se gloríe en el Señor” Corintios. 1.30
En esta carta a los Corintios Pablo, el apóstol, explica el motivo de Dios para llamar a los pobres; Aniquilar lo que vale para el mundo para gloriarse solo en el Señor, es decir Cristo. Una solución teológica interesante para resaltar a Cristo, pero nefasta cuando se trata de vivir en el mundo, tal como se presenta en su cruda realidad. La pobreza no es buena, ni humilde, ni valiosa, ni prometedora. La pobreza es pobreza. Necesidad, miseria, adversidad y esperanza ilusoria. Condiciones canallescas para que cualquier ser humano sucumba “ante el mundo” y se gloríe en el. Ya que no hay nada más “mundano” que la pobreza, cuya condición nace del mundo y debe ser considerada dentro del mundo, no como objeto de amor sino como problema, de injusticia, de sin razón, de explotación, y en todo caso, de falta de amor, pero no hacia la pobreza sino hacia la persona que padece de esa insuficiencia en su condición humana.
Y es por esto que sigo sin entender por qué habría que elegir la pobreza, y además amarla. ¿Por qué…?
…Y no cesan en mí las preguntas ni la decena de rostros que visito cada día. ¿Qué los hace pobres?; ¿Qué vivan en una villa, en un hotel, en un asentamiento, que tengan planes sociales, que no tengan trabajo, que hagan “changas” en trabajos que otros no querrían hacer, que tengan poca instrucción, O ciertos gustos, O cierta manera de vestirse, cierta manera de hablar?
...Creo que no alcanza la sociología entera para definir qué es un pobre, y mucho menos para caracterizar la pobreza en su verdadera dimensión; Y no puedo dejar de preguntarme a que se refiere Francisco cuando habla de amar la pobreza.
¿Habla de condiciones sociales O habla del espíritu? ¿Habla del cuerpo y sus necesidades insatisfechas O habla del sufrimiento, como aquella predisposición humana que nos condena a la infelicidad y a la desdicha? Porque cualquiera sea su definición de pobreza no es algo deseable para nadie, o al menos para mí no lo es. No sería honesta con la palabra si no tratara de interpretar lo que dice, y desde dónde lo dice, Pero aún así, comprendiendo que intenta señalar con su gesto la atención del espíritu hacia los más vulnerables, disiento en lo más profundo de su mensaje: el amor a la pobreza.
Pablo de tarso hablaba del llamado de Dios a los pobres, diciendo; “Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados; No hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios, lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención a fin de que, como está escrito: el que se gloria que se gloríe en el Señor” Corintios. 1.30
En esta carta a los Corintios Pablo, el apóstol, explica el motivo de Dios para llamar a los pobres; Aniquilar lo que vale para el mundo para gloriarse solo en el Señor, es decir Cristo. Una solución teológica interesante para resaltar a Cristo, pero nefasta cuando se trata de vivir en el mundo, tal como se presenta en su cruda realidad. La pobreza no es buena, ni humilde, ni valiosa, ni prometedora. La pobreza es pobreza. Necesidad, miseria, adversidad y esperanza ilusoria. Condiciones canallescas para que cualquier ser humano sucumba “ante el mundo” y se gloríe en el. Ya que no hay nada más “mundano” que la pobreza, cuya condición nace del mundo y debe ser considerada dentro del mundo, no como objeto de amor sino como problema, de injusticia, de sin razón, de explotación, y en todo caso, de falta de amor, pero no hacia la pobreza sino hacia la persona que padece de esa insuficiencia en su condición humana.
Y es por esto que sigo sin entender por qué habría que elegir la pobreza, y además amarla. ¿Por qué…?
domingo, 9 de junio de 2013
El retorno de Perséfone: apuntes para una ecología espiritual
El mito de Perséfone explica el origen de los ciclos estacionales y
el devenir de los fenómenos que la
filosofía China llama el crecer y decrecer del yin y el yang. La contracción y
expansión de todo aquello que se
manifiesta como perpetua transformación que ocurre en todas las cosas, y que el sabio Lao tsé describe de este modo.
“Si quieres comprimir una cosa, procura que antes se dilate. Si quieres
hacer que se debilite procura que se fortalezca primero. Si quieres acabar con
su existencia espera a que florezca
plenamente. Si quieres que alguien le eche de menos, tendrás que dársela
primero. A esto se le llama percibir la naturaleza de las cosas”. XXXVI Tao Te Ching
/
Según esta concepción mítica filosófica la
noción de ciclo comprende, no un mecanicismo repetitivo sino la renovación
entendida como una totalidad de estados que abarcan el desarrollo de un
fenómeno, desde lo que aún no es visible hasta su caducidad inexorable, y
cuya función es perpetuamente regenerativa debido a la consecución de estados
interiores de transformación en los que el fenómeno despliega de un modo provisorio la manera de presentarse
en el mundo; ora frio o caliente, débil o fuerte, húmedo o seco, blando o duro,
oscuro o luminoso, y todas sus posibles combinaciones. Se trata de una
concepción del mundo que nos permite comprender que aquello que vemos y
describimos no es otra cosa que el aparecer instantáneo de un imperceptible movimiento de la mente acostumbrada
a “fijar” imágenes en su memoria, O micro fotogramas que su atención logra
capturar por atracción o aversión acumuladas.
¿Ellos están diciendo
que el tiempo es un movimiento de la mente?, Si. Porque finalmente aquello que
acontece deriva de una matriz cuya secuencia impregna el acto mismo de Ver con
un modelo prototípico del origen biológico, constituyéndose dicho patrón en un
hábito perceptual de la especie. Y a mi entender, cuando hablamos de naturaleza
estamos hablando de la matriz biológica aplicada a una dimensión de
significados que lo constituyen a él Hombre, y a todo cuanto lo rodea en objeto
de nombre y de sentido. Vuelvo a este origen que explica la “naturaleza de las cosas” con el objeto
de despejar cualquier presunción que nos impida ejercer la facultad de
“designar” con la libertad de espíritu que tal facultad requiere.
En el mito
de Perséfone la naturaleza queda sujeta a una negociación del mundo de los
dioses respecto del inframundo y la dimensión terrestre. Una suerte de conciliación
entre las fuerzas abismales y el orden manifiesto de la lógica gramatical, que
otorga nombre y sentido. Zeus, el logos y Deméter, la cosa designada son
atrapados en el abismo de Hades a través de Perséfone. Su rapto, no es otra
cosa que la sumisión de la lógica gramatical al mundo del caos, el espacio
incondicionado de la mente, el puro espacio. Deméter, en ese instante pierde el
poder de dar sentido y la naturaleza
se vuelve infértil, seca y exangüe. Tal
parece ser hoy la situación en la que nosotros, la humanidad, nos encontramos respecto
de los significados: en su desolación
Deméter está “secando la naturaleza”, y en su lugar un mundo de oscuridades se
impone por sobre el antiguo conocimiento.
Naturaleza decrece y el reino de Hades se fortalece a costa del viejo orden. Perséfone come el fruto del jardín de Hades quedando presa de la subyugación de sí misma. Pero Zeus, Padre y cómplice del raptor, decide rescatarla. Las leyes de Hades son estrictas, pero también las suyas lo son: Perséfone tendrá que alternar entre el reino subterráneo de Hades, el inconmensurable incosciente, y su madre naturaleza. De este modo, el retorno de Perséfone es siempre el retorno del sentido, la designación vital y novedosa representada por la primavera, la oportunidad de la naturaleza para otorgase una matriz nueva, Un prototipo biológico no determinista ni sujeto a leyes implacables; un nuevo nacimiento. //
Naturaleza decrece y el reino de Hades se fortalece a costa del viejo orden. Perséfone come el fruto del jardín de Hades quedando presa de la subyugación de sí misma. Pero Zeus, Padre y cómplice del raptor, decide rescatarla. Las leyes de Hades son estrictas, pero también las suyas lo son: Perséfone tendrá que alternar entre el reino subterráneo de Hades, el inconmensurable incosciente, y su madre naturaleza. De este modo, el retorno de Perséfone es siempre el retorno del sentido, la designación vital y novedosa representada por la primavera, la oportunidad de la naturaleza para otorgase una matriz nueva, Un prototipo biológico no determinista ni sujeto a leyes implacables; un nuevo nacimiento. //
jueves, 6 de junio de 2013
Un toco y me voy
Hola BudaAzul, muchas semanas sin escribir, muchas horas sumida en la vida y su trajín extraordinario . !Pasan tantas cosas!. que la escritura me impacienta, es como ir detrás de un tren que se perdió en el horizonte. ¿Cómo alcanzarlo!.
...Solo eso, saludo y me voy
"La vida es corta ya veras como a pesar de los dolores tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos".
lunes, 25 de marzo de 2013
Pequeño preludio sobre la libertad
¡Qué bueno! Me diste
un tema para reflexionar. Tu respuesta hizo que pensara. ¿Es suficiente darse cuenta de que uno
está condicionado para saltar la valla del impedimento? Por lo que Vos decís No. Existe una dualidad entre dicho
entendimiento y la voluntad que libera de la sujeción. La pregunta es porqué, o
mejor dicho qué hace falta para que conciencia
y voluntad sean un mismo acto.
…Tal vez exista
una confusión entre el “deseo de ser
libre”- como aspiración de una conciencia que sabe que no lo es-, y la libertad
como posibilidad disponible en cada uno
de nosotros. T.S. Eliot lo expresa de este modo “La libertad interior respecto del deseo práctico”.
Lo cual supone un estado intimo de libertad anterior a cualquier deseo,
por lo que dicho deseo se vuelve sencillamente práctico respecto de un obrar; O
para decirlo de otro modo, casi un procedimiento
ejecutado por una mente libre de condicionamientos en donde no existe un
“objeto del deseo” (esa obscura sombra de la represión) sino una pura voluntad
de Ser que se expresa en todo lo que hace, abordándolo simplemente como algo
práctico; un juego de exploración y de disfrute.
Pero claro ¿Cómo se accede a una mente libre? Yo creo que una
mente libre es una mente que experimenta sin la barrera del miedo. Es una mente
que no supone, que no anticipa, que no da por sentado…Porque lo conocido es
siempre una proyección de lo que ya sabemos, la reiteración de lo mismo. El
agrado Y/o desagrado acopiados como reacción en la memoria. Sin esa
mente, todo se vuelve abierto y asombroso. Y yo creo, que con solo
desactivar dicha mente de miedo ya estamos
de lleno en la mente libre.
Sólo hace falta: desactivar la imagen que tenemos
ante los demás, desactivar el temor al juicio de los que nos importan,
desactivar el miedo a presentarnos diferentes de cómo nos conocen, el temor a
herir a los que nos quieren tal como ellos pretenden tenernos, sujetos a su
deseo; desactivar el temor a equivocarnos según nuestros propios prejuicios, el
temor a defraudar al no responder a las expectativas propias y ajenas; el temor
a ser tal cual sentimos; el temor… //
domingo, 17 de marzo de 2013
Carta íntima al Papa argentino Su Santidad Francisco
La cortesía pide que comience esta carta con las
felicitaciones pertinentes, sin embargo, el alto cargo que Usted ejerce, desde
mi humilde opinión, no es un logro personal el cuál pueda felicitarse, sino la
suma de un designio que trasciende ampliamente las aspiraciones personales, a
las cuales ha renunciado en el mismo instante en que asumió con nuevo nombre. Me refiero a la novísima persona
de Francisco cuyo nombre indica un sentido y una misión esperanzadora.
Desde hace algunos años, seguramente
muchos menos que Usted, estoy a diario en contacto con los hombres, niños y
mujeres más necesitados de la sociedad, y es a partir de esta experiencia que
me gustaría compartir la reflexiones a las que he arribado a partir de mi trato
cotidiano con las familias que, por su condición, reciben asistencia social por
parte del estado.
En mi experiencia, la pobreza, y muchos de los males que
aquejan a los hombres como la enfermedad, la locura, y la violencia nacen de
una matriz productora de creencias que se asimilan con los ambientes y las más tempranas vivencias. Una matriz que produce entes que se apoderan de la
existencia y su vasta riqueza, limitándola a unas pocas posibilidades
inscriptas como mentes foráneas, la
mente de pobreza, la mente de enfermedad, la mente egoísta, la mente de codicia,
de insatisfacción y tantas otras…Desvincular dichas mentalidades y explorar el potencial humano hasta su límite casi imposible, -me parece-, la gran
tarea.
Como muchos de mi generación fui marxista militante en el
convencimiento de que el fin de las desigualdades sociales requería de una
revolución que acabara con las estructuras de explotación del hombre por el
hombre, y de la cuál surgiría una nueva conciencia
humana inspirada en el ideal de “Cristos esparcidos por el mundo”
dispuestos a dar la vida por los otros, los desposeídos, los que sufren y están
hambrientos de justicia.
Básicamente mis ideales no han cambiado, pero
los intensos años que me separan de aquella perspectiva hicieron que tomara
distancia de las ideas a favor del conocimiento
vivencial de las vidas humanas y su compleja encarnación en un mundo de
circunstancias asumidas como identidad que los define. Me refiero a
los condicionamientos que provienen de categorías impuestas por la
cultura dominante que ciñen los destinos humanos a su pura concreción en virtud
de una identidad enajenada. La
identidad conferida por la mirada del Otro en cuyo universo
existe de ese modo de manera
excluyente, hasta tanto logre emanciparse
de aquel espejo que lo atiene a su limitación y los aleja de su verdadero
potencial.
Voy a incurrir en un atrevimiento religioso, mencionar a Buda
y a Cristo como parte de la explicación de lo que quiero decir. Estoy pensando en el joven Príncipe Sakyamunni
y en el apasionado Jesús de Nazaret. Cada uno en su tiempo y en su
circunstancia tuvo una Gran visión de los dolores de su época los cuales
“revelaron” al mundo. No es casual que aquel Principie resguardado en el
palacio de las bienaventuranzas sufriera el impacto del encuentro con los
dolores de la existencia humana, el nacimiento, la enfermedad, la vejez, y la
muerte. Tales eventos le habían sido ocultados durante su crecimiento, y por lo
tanto su mirada fue de estupor ante lo que él no podía concebir. Siempre me
pregunté (y aún no tengo respuesta) si
dicho sufrimiento existía como tal antes de que el Buda lo viera y le diera su
nombre.
Jesús-, por su parte-, nace en un
mundo de excluidos y dominados por el Imperio, en connivencia con las clases sacerdotales que ocupaban los templos. Y
es en ese contexto en el que Jesús asume la voz de los humildes y los mansos,
reclamando para los pobres el reino de los cielos y la hermandad en el Padre
que es Uno para todos. …No estoy diciendo que ellos de modo personal “inventaran”
tales categorías sino que las encarnaron de una instancia colectiva fecundada para que ellas nacieran; me refiero a
que tales visiones surgen de una madurez de condiciones que se expresan en una vida en particular como un símbolo cuya significación es de
largo plazo.
Los hijos de esta época, al igual que los coetáneos de
Jesús y de Buda, también esperamos la palabra
viva de nuestro tiempo. Una síntesis de lo que la humanidad requiere en el
presente y las generaciones próximas. Y es aquí cuando me pregunto qué habría sucedido
si Jesús en vez de seguir su corazón,- con el ojo puesto en el presente-,
hubiera reeditado el ideal de Abraham,
Moisés, Elías, o de cualquiera de los antiguos profetas. Creo, que las “buenas
nuevas” del evangelio nunca habrían llegado.
Porque a mi entender la “alianza” del hombre con el
cielo es siempre novedosa y oportuna como los frutos en su estación, el árbol
es el mismo- quizá- pero el fruto es vida nueva en sus semillas. ¿Puede el pichón nacer del mismo huevo que su
madre? No. Así tampoco el Cristo y el Buda tendrán la cáscara de sus predecesores,
porque cuando ellos se manifiestan caducan las viejas concepciones a favor de
una mirada sorprendida y sorprendente. Los viejos paradigmas se agotan, no se
rompen, y es por ello que las continuidades perduran más allá de su eficacia. Sin
embargo, en lo profundo de la simiente humana se está incubando un párvulo en el corazón de los que esperan.
Nadie conoce el rostro de la criatura hasta que nace,
su gesto, su particular mohín; no obstante algunos prefieren ciertos nombres
así como Usted prefirió Francisco. En mi cariño yo llamo Buda a esa expectativa
aún vacante, pero su nombre es el de
una secreta deidad liberadora cuyo poder rompe el hechizo de la
ilusión y el engaño de una humanidad subyugada
por la negra magia que condena al samsara
del dolor a pobres, excluidos, enfermos, miserables, corruptos e infelices.
Por la sinceridad en el mundo hago votos para que la
Gracia lo acompañe en la preparación del
nacimiento en Cristo del Nuevo Hombre. AMEN//.
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